Ahora ya soy grande y el Padre está muy interesado en mi cruzada pro reeducación de la comunidad gay. Siempre me acaricia la cabeza en señal de afecto. Y yo le cuento. Entretanto el Padre va arremangándose la sotana. Es un pequeño alivio que se permite, para evitar el calor. En ese momento asciende una vaharada de olor a polla, un poco mareante, por el encierro de tantas horas. Y por el hueco del calzoncillo emerge su polla enhiesta. Cuando el Padre Salurcio considera que ha escuchado lo suficiente, entonces guía mi cabeza hasta embocar mi boca y en tanto me la sigue acariciando, me va dando sus impresiones sobre mi cruzada