SEXO CON CAMIONEROS 4

Después de la noche del chaval, dormimos unas horas y nos levantamos cansados pero de muy buen humor, nos metimos en el baño para asearnos y por primera vez desde hacía meses no me sentí incomodo estando los dos en pelotas. Comentábamos la noche anterior entre risas, mi cuñado con total desenfado y yo aparentándolo, aunque me seguía cortando un poco, intentaba que no me lo notara.

Bueno cuñado – me dijo Roque mientras se duchaba – supongo que ya se te han pasado las manías, a partir de ahora vendrás conmigo de caza no?

Bueno si, pero no se si podré estar a tu altura, me siento un poco raro tio.

Joer, pués anoche no lo parecía, tendrías que haberte visto, menuda cara de gusto ponías – rió parodiando una expresión de placer.

Vete a la mierda! – le dije riendo también – es que yo nunca había echado un polvo de esta manera, que flipe.

Ya te dije que las mariconas tienen mucho vicio, les puedes hacer de todo.

Yo si me la chupan y me ponen el culo ya me vale.

Ya, pero sin mirarles la polla no? – rió divertido.

No es eso, bueno no se, al final ya me daba igual, se me fue la cabeza.

Y más se te irá tío. Es un vicicio. Si ya sabía yo que no te podrías resistir al chaval, por eso lo traje.

Lo hiciste a propósito capullo?

Pues claro, la trampa de culito tierno! – rió salpicándome – pero no te creas que estos se encuentran todos los días, la mayoría se parecen más a nosotros que al de anoche.

Ya me imagino, bueno, alguno de los tíos que he visto por ahí contigo – me sonrojé admitiendo que lo había estado espiando – no parecen ni maricones.

Es que no todos lo son, hay de todo, muchos son tan machos como tu y yo, pero el estar fuera de casa y la calentura hacen el milagro, además si pasamos un buen rato, no hacemos mal a nadie, y es morboso no?

Mucho tío, pero tan machos no serán si tragan pollas no?

Porque no? Si les gusta...

Pues eso, si les gustan las pollas, es que son maricones, blanco y en botella, leche. O tu pondrías el culo... - me callé al recordar que a Roque le gustaba que se lo comieran.

Ehh, no te equivoques, yo me lo dejo comer, pero nada más. Pero quien sabe, a lo mejor algún día te dejo que me violes – y riendo meneó el culo en pompa.

En serio?

Y una mierda! Y menos con esa tranca tío, menuda joya tienes.

Si, es grande no?

Ya de digo, pregúntale al chaval de anoche, si no os ayudo todavía estáis intentándolo.

Bueno, la tuya tampoco está mal.

Ah, te gusta mi polla nenita? Si? – preguntó con voz de película porno sobándosela.

Quita eso de ahí! – le contesté riendo y pasando a la ducha.

Bueno, tu te lo pierdes, jaja, pero que conste que no es oro todo lo que reluce ni maricona todo el que pone el culo – dijo saliendo del baño.

Lo que tu digas, pero a mi el culo que no me lo toquen o la armo.

Desde aquel día empecé a perderme con Roque por las zonas de cancaneo, al principio iba con el y compartíamos al tío, admito que me daba morbo verlo follando y que el me viera a mi, luego lo comentábamos y nos reíamos. Luego a veces nos lo montábamos por separado, eso me costaba un poco más porque yo no tenía el descaro de mi cuñado para empezar el rollito, me limitaba a sacármela como si meara y esperar a que se acercara alguno, la verdad es que mi polla llamaba la atención, lo cual me encantaba. Roque tenía razón en cuanto al tipo de tíos, pocos se parecían al chaval que tanto me había gustado, pero tampoco les hacía muchos ascos y se la metía por donde me apetecía, o por donde me dejaran ya que no todos ponían el culo, según los viera. Si no me gustaba cerraba los ojos y me perdía en fantasías mientras bombeaba con las caderas o me la dejaba mamar.

Si me los follaba generalmente los ponía de espaldas, de forma que no les viera más que el culo, me sentía más cómodo. Me encantaba mirarlos como se bajaban los pantalones y los calzoncillos y me ofrecían sus nalgas, entonces con una mano les separaba las nalgas y con la otra les metía el dedo en el culo, me excitaba mucho hacérselo, sobretodo si tenían aspecto de macho, con el dedo profanaba la intimidad de sus agujeros mientras les decía guarradas, aunque suponía que les gustaba, me daba mucho morbo humillarlos de esta manera.

Aprendí a clasificar los ojetes, los había peludos y pelados, algunos agujeros estaban escondidos bajo una mata de pelo y otros rodeados de una aureola de vello suave, me sorprendió ver que algunos tíos no tenían pelo en el ojete y que había tíos que se lo depilaban porqué a veces rascaban un poco como una mejilla mal afeitada. Las formas también variaban, algunos eran como un ojal, una ranura estrecha y alargada, otros con pequeños pliegues de carne como el morro de una vieja, otros rodeados de un circulo de piel rosada y suave, en otros el circulo era de piel mas oscura, había agujeros redondos y claramente dados por el uso, otros salidos hacia fuera... pero todos soportaban que mi dedo los profanara y hurgara en ellos aprisionándome el dedo como un precio a pagar para ser atravesados por mi polla. Les metía el dedo sin contemplaciones, viendo como se contraían las nalgas con un respingo, no lo hacía para dilatarlos, lo hacía por gusto, porque me parecía humillante para ellos y me excitaba. Luego me los follaba, aprendí a meterles la polla sin esfuerzo, le hundía el capullo de un golpe, si eran estrechos les dolía y me rogaban que tuviera cuidado, entonces cuando se relajaban un poco se la metía toda casi sin pausas, ellos resoplaban, apretaban los labios, gimoteaban y alguno no podía evitar soltar algún grito, alguno intentaba apartarme apoyando las manos en mi vientre, pero yo nunca se la saqué a ninguno aunque me lo pidiera, los retenía empalados hasta que dejaban de retorcerse y entonces empezaba el mete-saca.

Si se pajeaban mientras me los follaba, los dejaba hacer sabiendo que en cuanto se corrieran querrían que les sacara la polla del culo. Entonces era cuando más me gustaba, saber que ya no tenían ganas me excitaba y me los follaba con mas fuerza, clavándosela hasta el fondo con golpes secos, duros, sentía como les fallaban las piernas y me suplicaban que parara, a veces eran extranjeros y no entendía sus palabras, pero lo que me pedían era claro. Si estaba con mi cuñado, los sujetábamos entre los dos, a él le excitaba tanto como a mi y cuando alguno quería que paráramos los dos aguantábamos tanto como podíamos, cuando estábamos a punto de corrernos, nos turnábamos para metérsela por el culo y durar más, follándo duro, en plan bruto. A veces los teníamos que tapar la boca por que gritaban, las pollas de aquellos tíos se encogían babeantes y sus caras se contraían en muecas grotescas, se ofrecían a cualquier aberración si los dejábamos libre, pero nosotros pasábamos de ellos, cuanto más protestaban, más nos gustaba. Quiero creer que en el fondo les gustaba la situación de sentirse violados por dos machos, ya que en principio se habían ofrecido ellos, pero lo cierto es que alguno terminó maldiciéndonos y marchándose cabreado.

Recuerdo uno con el que nos pasamos especialmente, no tanto nosotros sino un tío que se nos unió pero hay que decir que tampoco hicimos nada para ayudarlo, nos pudo el morbo de la situación. Habíamos parado en un área donde siempre había mucho cancaneo y nos metimos en el bosquecillos los dos juntos, el primero que nos apareció fue un tipo de unos 30 y pocos años, vestido con traje y corbata, un poco gordito y con gafas, llevaba el pelo rizado y oscuro peinado con la ralla al lado, con un estilo pasado de moda. No se si estaba casado, pero llevaba anillo. Se nos acerco muy cortado y como no le decíamos nada, esperábamos algo mejor, al final nos susurró con una sonrisa bobalicona; Queréis que os la chupe?. Roque y yo nos miramos divertidos, la verdad es que nos dio un poco de pena y bueno, supongo que los dos pensamos que porqué no empezar con una mamada, nos sacamos las pollas y el gordito, con expresión de admiración a pesar de que todavía no las teníamos duras, y gula, se arrodilló y empezó a chupárnoslas.

El tío era un buen mamón, mientras chupaba una polla, meneaba la otra o intentaba meterse las dos en la boca, cosa que tanto a Roque como a mi nos encantaba. Estaba ruborizado, no sé si de excitación por lo que estaba haciendo, pero era evidente que le gustaba, chupeteaba como un loco, succionaba, lamía y emitía sonidos de gusto. Nos las puso muy duras y por eso no me extrañó cuando oí a cuñado que le decía;

Quieres que te demos por el culo?

Ufff, creo que no tíos – contestó levantando la mirada con los dos rabos agarrados – son demasiado grandes.

Bueno, la mía no tanto – dijo mi cuñado, sabiendo que aunque no tenía mi tamaño era muy superior a la media – o es que no te la han metido antes.

Si, pero hace mucho tiempo, un amiguete un par de veces, pero... la tenía más pequeña tío – contestó el gordito enrojeciendo por la confesión.

Pués anímate tío, lo haremos con cuidado y si no te gusta lo dejamos - le dijo mi cuñado mirándome. Comprendí que no tenía intención de hacer lo que decía, y menos con aquel tío que de repente se había vuelto apetecible sin saberlo con su confesión.

No, mejor no, no me atrevo – contestó volviéndose a meter la polla de Roque en la boca.

Pues entonces mejor lo dejamos, tenemos ganas de follar tío – le contestó mi cuñado apartándolo – mejor nos reservamos para algún otro.

El gordito nos miró las pollas sorprendido, dudoso, era evidente que estaba caliente pero no acababa de decidirse.

Tenéis condones? – dijo. Bingo! Cedía.

Claro tío, y lubricante – le contesté ya que hacía tiempo que lo llevaba conmigo para casos estrechos.

Bueno, la tuya no me entra ni con lubricante tío, eso seguro, pero la de tu amigo a lo mejor – me contestó agobiado – si queréis lo intentas tú – dijo mirando a mi cuñado – pero si no puedo lo dejamos vale?

Claro tío, tranquilo, buen rollito, venga, bájate los pantalones que tengo ganas – contestó magreándole el culo, y lanzándome una mirada cómplice.

Yo me seguí pajeando mientras Roque se ponía el condón y vi como el gordito en lugar de bajarse los pantalones se los quitaba y buscaba una rama donde colgarlos con la chaqueta. Se di cuenta que me lo miraba y me dijo mientras se bajaba los calzoncillos;

Es que no quiero que se manchen, mi mujer me pegaría la bronca.

Tranquilo, también estamos casados – le dije para que se sintiera más cómodo.

Que fuerte no? – rió el gordito dejando los calzoncillos sobre la misma rama.

El tío se quedó con la camisa y la corbata, la polla tiesa le asomaba entre los faldones de la camisa, unos 15cm centímetros escasos circuncidados que se meneaba nervioso. Estaba ridículo con los calcetines negros y los zapatos puestos. Hizo un gesto como ofreciéndome la polla pero giré la cara, Roque lo hizo inclinar y apoyarse sobre un tocón y le levantó el faldón de la camisa mostrando un culo gordo y redondo, de nalgas carnosas sin un solo pelo que bamboleó cuando mi cuñado le dio una palmada. Roque le separó las nalgas y me miró conocedor de mis gustos. El gordito contrajo el ano en un gesto reflejo en cuanto se sintió expuesto, era de los de aureola oscura, pero sin vello, antes de que se pudiera dar cuenta le metí el índice en el culo y dio un respingo.

Uf que fuerte es esto tíos, no os gusta comer culo?

No – respondimos los dos a la vez - y a ti – le preguntó Roque interesado.

No tíos, no me va eso, uf, pués ponedme lubricante por favor, sinó me duele. – dijo mientras yo retorcía el dedo dentro de su ojete.

Roque ya tenía el lubricante en la mano y se estaba untando la polla mientras yo le metía el dedo, entonces se acercó y yo fui a buscar la boca del gordito. Aparte de que tenía ganas de que me la mamara quería verle la cara cuando mi cuñado se la metiera por el culo. El tío abrió la boca y se la dejó follar sin chupar, se le notaba nervioso mientras Roque le manipulaba el ojete, entonces se colocó detrás de el y en un segundo supe que acababa de clavarle el capullo porqué el gordito abrió la boca y contrajo la cara en una mueca de dolor y sorpresa. Quería decir algo pero con mi rabo llenándole la boca no se le entendía, como pudo se lo sacó y me lo agarró y empezó con la letanía;

Joder, duele tíos, no puedo, uf, uf, jodeeeeer, dejémoslo tíos, no lo aguanto, ahhhg, sácamela, sácamela por favor...

Espera tío, ahora ya estás tienes abierto, ya has pasado lo peor, aguanta un poco, no aprietes el culo y si ves que no puedes te la saco – le mintió Roque.

Ñññña, ñññña, esto duele tíos, no podré, de verdad...

El gordito intentó incorporarse para zafarse del rabo que le estaba dilatando el ojete, pero yo lo mantuve inclinado sujetándolo fuerte por los hombros y Roque por la cintura. Su cara era un poema, apretaba los dientes, resoplaba, sudaba y se retorcía de nervios. Nosotros le dábamos consejos como si estuviera de parto, tranquilizándolo pero sin soltarlo. Por fin pareció relajarse un poco, Roque le empezó a follar suavemente, apenas con el capullo y le dijo;

Mejor no? Te gusta asi?

No sé tíos, me duele... uf, uf

Pero no te da gusto?

Un poco si – confesó – pero...

Ves tonto? – le dijo Roque – tu relájate y verás que gusto te da.

La tengo toda dentro? – preguntó

El que? – Roque tenía ganas de jugar.

Joder tío la polla?

Ahhh, la polla, no, todavía no.

No me la metas toda por favor, ufff

Que no la meta donde?

Coño, en el culo tio, no me vaciles – grito el gordito histérico.

No te vacilo, pero me gusta oírtelo, que te estoy haciendo?

Me estas follando – contestó con un hilillo de voz sin dejar de resoplar.

No, no, no, yo me follo a las putas, a los maricones como tu, sabes que les hago? No? No?... Les rompo el culo!

Y antes de que el gordito reaccionara le clavó la polla hasta los huevos arrancándole un grito de dolor. Me sorprendió la saña de mi cuñado que me pilló desprevenido y casi se me escapa, el tío que se retorció como si lo fueran a matar, pero lo sujeté con fuerza. El aullido se convirtió en un lamento prolongado, boqueaba y gemía mientras Roque le bombeaba el culo, por un momento me dio pena y estuve a punto de pedirle a mi cuñado que se la sacara, pero entonces me di cuenta que el tío se estaba pajeando como un poseso. Vaya! Está disfrutando pensé, y empecé a follarle la boca ya sin temer que me la mordiera. El tío, con la camisa empapada de sudor y resoplando recibía la dos pollas en sus agujeros mientras se la meneaba y no tardó en correrse, el error de siempre, en cuanto los espasmos del orgasmo cedieron se saco mi polla de la boja y pajeándome nos dijo;

Uf tios, correros ya, no puedo más...

Roque seguía bombeándole el culo, por la forma en que ralentizó el ritmo entendí que no tenía intención de correrse todavía. Entonces tuve ganas de hacer una maldad, aunque el gordito se había incorporado un poco seguía resistiendo las embestidas de Roque con una expresión de fastidio. Acerqué mi cara a su oreja y le susurré;

Todavía no, yo tambien quiero petarte el culo.

No, lo siento tío, yo tengo que irme si quieres te la chupo.

Su aspecto era casi patético, casi de pié en calcetines y zapatos y con la camisa arremangada, su capullo bailaba pringoso entre sus piernas apenas asomando entre el vello púbico, las abundantes carne de sus nalgas seguía bamboleaban también a cada movimiento de cadera de Roque, que le arrancaba una mueca cada vez que se pegaba a ellas. Sin hacerle caso me agaché para sacar un condón de mis bolsillos y me lo empecé a poner, mi roque reaccionó sujetando al gordito por el pecho ya que cuando vio que me lo ponía puso cara de susto y empezó a parlotear otra vez para que lo dejáramos, aunque su preocupación no parecía ser la polla que tenía clavada en el culo. Lo hicimos rápido sin dejarle reaccionar, mi cuñado se la sacó y agarrándolo por el cuello lo hizo doblar otra vez sobre su cintura, el tío intentó zafarse sin acabarse de creer que se lo fuera a hacer.

Venga tíos, ahora en serio, tengo que irme y además que me duele el culo ya, coño suéltame te digo, que no quiero, joder! Oye, no, que noooo

No pudo hablar más porqué mi polla estaba entrándole por el agujero del culo, se la metí entera, no de golpe pero sin pausas, diría que se la introduje. No le vehía la cara pero gritaba como un conejo asustado, le di unos segundos para que se acomodará pero estaba muy caliente y enseguida empecé a encularle sacándola casi entera y volviéndola a clavar, me encantaba aquel culo, gordo pero joven y terso, sin un pelo, que temblaba con mis envestidas. Roque le intentó meter la polla en la boca pero no pudo, el tío no dejaba de aullar y emitir todo tipo de sonidos, le intentó tapar la boca para no llamar la atención, pero seguía gritando que parara, que lo soltáramos, que le estábamos haciendo daño...

Fue otro error por su parte, porque no estábamos solos en el parque, pronto apareció un tío bastante joven con pinta de gárrulo que se puso a pajearse mirándonos. Tendría unos 25 años y un buen cuerpecito, feote pero varonil, con tatuajes y pearcings se la cascaba lentamente sin decir nada, pero sin quitarnos el ojo. Tanto a Roque como a mi nos gustaba exhibirnos así que no le dijimos nadada, ni a él ni al siguiente tipo que llegó. El último era lo que llama un oso, si el que nos estábamos follando era gordito, este era directamente una foca, alto, obeso, con barba y bigote y unas manazas como palas cubiertas de pelo negro que se prolongaba por sus brazos hasta donde las mangas arremangadas dejaban ver. Se acercó al chaval y le sobó el culo, pero éste, sin mirarlo, le apartó la mano.

Entonces el gordito se dio cuenta que teníamos publico y se revolvió una vez más, supuse que no le apetecía que lo vieran tomando por el culo, pero de repente empezó a decirles;

Ayúdenme por favor, me están violando, por favor, ayuda...

El chaval no se inmutó pero el oso vino hacia nosotros y se puso a mirar como me lo follaba. Por un momento temí que tuviéramos un problema, aunque no se podía decir que lo hubiéramos violado, si que lo estábamos forzando y por lo que parecía se había cansado de nuestro juego. Por suerte el oso se inclinó sobre la cara sudorosa del gordito y le dijo;

Pues más vale que te lo tomes con calma porque cuando este termine te la voy a meter yo – y señalando al chaval añadió – y este chico si quiere también.

No se de donde sacó las energías, supongo que del pánico, pero el gordito se zafó de Roque y cayó al suelo desclavándose de mi polla. No le sirvió de mucho porqué el oso le cayó encima y sujetándole las manos le soltó dos fuertes bofetones. Roque y yo tardamos un segundo en reaccionar pero enseguida no echamos sobre ellos, aquello era demasiado;

Déjalo tío, no te pases, a hostias no! – le grité.

Como que no, ahora que tu ya has follado nos toca a los demás y él se portará bien, verdad? – le dijo sin soltarle las manos.

El gordito nos miraba con ojillos de rata asustada casi a punto de echarse a llorar, tirado en el suelo, casi desnudo y sujeto por aquella mole estaba patético.

Y aquí dejo mi relato por hoy, es tarde y todavía queda una buena parte por contar de esa noche, además me temo que me está quedando demasiado largo y tengo miedo de hacerme pesado, prometo terminarlo.

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