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No entiendo." Dije balbuceando. "No te gustó mi
poema?" Pregunté aturdido completamente. "Ya sabías que era yo el que te
lo había escrito?"
"Pero por supuesto que lo sabía. Es que no puede
haber nadie más burro en la clase. Yo no puedo creer que de las cinco
primeras palabras que has escrito, hayas cometido cuatro faltas de
ortografía, y para colmo dos de ellas en la misma palabra. Pero a quién
se le ocurre que yo pueda siquiera fijarme en alguien tan gordo como tú
y que para peor aún, no sabe ni escribir?"
No pude dejar de llorar ni un segundo. Estaba
ahogándome en mi vergüenza y lleno de dolor.
"Y lo peor de todo es que me hayas mentido." Dijo.
"Yo jamás te mentiría..." Dije balbuceando, haciendo un esfuerzo
descomunal para que las palabras pudieran salir de mi boca.
"No me dijiste que tenías mucho para mi, gordo? Eso
sí que fue una buena treta para conquistarme." Y se dio media vuelta
como para irse. "Hasta por un momento pensé que sería cierto..."
"Yo tenía mucho amor para darte." Alcancé a murmurar
para mis adentros, en forma por demás imperceptible ya consciente de que
no me iba a escuchar. "Yo te amo." Susurré.
Se detuvo un instante, miró mi poema nuevamente y
volvió a leer unas líneas.
"Te aviso sólo para que te vayas enterando, que
‘HAMOR’ va sin ‘H’. No lo puedo creer!!!" Dijo moviendo la cabeza para
ambos lados, y finalmente se marchó, no sin antes romper a la mitad la
hoja conteniendo el poema y dejarlo caer al piso.
Me arrodillé para recoger ambos trozos de papel en
los cuales había puesto con mucho esfuerzo, todo el amor que pude.
Pensé que ese era el ejemplo más grande de la
crueldad humana.
Pero me equivoqué.
Fui al baño a lavarme la cara para que mis compañeros
no se dieran cuenta que había estado llorando, y volví al aula.
Apenas entré, noté que todos me miraban y se reían.
"Alguien ha perdido algo por casualidad?" Gritó uno
de mis ex amigos, y todos sin excepción me señalaron con el dedo y se
revolcaban de la risa.
"Oye gordo, quieres una prestada?" Me preguntaban mis
supuestos amigos apretándose los genitales.
Mis lágrimas brotaron nuevamente a borbotones de mi
rostro, y fui corriendo a mi pupitre, tomé mis útiles y cuadernos, vi a
mi novia que era la que más se reía de toda la clase, y me fui del aula
de la misma forma que llegué, dispuesto a no volver nunca más por allí,
mientras me retumbaron las carcajadas en mis oídos durante todo el
trayecto del viaje en colectivo hasta mi casa.
Llegué a mi dormitorio bañado en lágrimas y me tiré
sobre la cama para seguir con mi llanto.
No pude probar bocado en todo el día y cuando llegó
mi madre a la noche, yo ya estaba metido dentro de la cama.
Entró a mi dormitorio y me preguntó si me habían
gustado los pantalones que me había regalado y cuando le dije que me
quedaban chicos, me pidió que fuera yo mismo a la tienda para
cambiarlos. Le rogué para que lo hiciera ella ya que me daba vergüenza,
y me dijo que no podía porque no tenía tiempo y que además yo debía
vencer ese temor que llevaba dentro de mí con respecto al resto de la
gente. |