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Disculpe, no se enoje! No la quiero molestar. Por
favor, no se enoje conmigo. Pero cuándo puedo encontrar a Zesna?"
Pregunté rogando para que la vendedora me pudiera dar esa información de
una vez, ya que me sentía realmente muy incómodo allí.
"No te puedo asegurar a qué hora volverá hoy, pero
puedes regresar mañana y seguramente lo encontrarás durante todo el
día." Dijo dándome una tarjeta de la tienda por si preferiría llamarlo
antes de volver a ir para asegurarme que estuviera.
No la molesté más ya que insistió para que volviera
mañana así no me tendría que volver a atender, y retorné a mi casa.
Apenas llegué, me probé los pantalones para comprobar
que tampoco me entraban. Ahora estaba irritado ya que había perdido toda
la mañana y me había traído otra prenda que no me servía.
Estaba enojado conmigo mismo y con la vendedora que
no supo resolver mi problema. Es por eso que no me gustaba comprarme la
ropa yo mismo. Siempre me hacían sentir muy mal cada vez que lo hacía.
No me había gustado lo que había dicho, creyendo que
yo no la escuchaba: "No viste lo gordo que está este chico? Me da asco.
Por Dios santo, menos mal que no tengo que tocarlo para tomarle las
medidas."
Comencé a llorar otra vez.
Tenía mucha bronca. Estaba furioso.
Como si yo fuera un leproso o una persona muy
desagradable. Si esa bruja de mierda ni siquiera me conoce?
Puta!
Yo no soy desagradable!
Soy un buen tipo!
Pero lejos de enojarme con eso, recordé lo otro que
había dicho en ese momento: "Ojalá estuviera Zesna por aquí."
Eso me hizo pensar que finalmente había algún hombre
que atendiera en esa tienda y que por lo menos suponía que no me haría
sentir tan avergonzado como lo había hecho esa mujer, y me animaría
finalmente a solicitarle que me mostrara los calzoncillos y la camisa
que yo quería.
Ojalá Zesna fuera un viejito, porque ellos siempre me
tratan bien.
O mejor aún, que Zesna fuera un gordo como yo.
Sí, eso sí que me gustaría más, que Zesna fuera un
gordote como yo para que me pudiera entender.
Decidí que volvería mañana a cambiar los pantalones y
a darme el gusto finalmente, ya que pasé todo el día pensando en lo bien
que me quedaría la camisa que había visto en el maniquí grandote.
Bueno, me voy a dormir y veremos qué sucede mañana
viernes.
VIERNES, 20 DE JUNIO DE 1986
Hoy tampoco fui al liceo.
En realidad tenía una excitación muy grande ya que ni
siquiera había podido dormir en toda la noche pensando las prendas que
tanto deseaba comprar.
Fui a la tienda y apenas entré vi que la vendedora
que me había atendido ayer, se fue corriendo, subió por las escaleras y
desapareció de mi vista. Menos mal que lo hizo porque sinceramente no me
agradaba para nada y no hubiera querido que fuera ella la que me
volviera a atender. Sé que a veces me pongo un poco pesado, pero bueno,
yo soy así, no lo hago adrede, aunque de todas formas ella no tuvo por
qué maltratarme de ese modo.
"Está el señor Zesna?" Pregunté a otra señora que se
acercaba para atenderme.
"Sí, un momento, por favor." Dijo y levantó el tubo
del teléfono, marcó un número y preguntó por él diciendo que había una
persona que lo buscaba.
Bueno por lo menos esta otra señora me trató mejor.
Al cabo de unos pocos segundos alguien bajó por las
escaleras.
"Hola, yo soy Zesna." Me dijo sonriendo apenas llegó
a donde yo me encontraba y me sorprendió totalmente cuando me extendió
la mano para invitarme a que se la estrechase con la mía.
Me quedé petrificado del asombro ya que esta persona
no me conocía y me estaba saludando como si fuéramos amigos de siempre.
Además, en realidad yo imaginaba encontrarme con una
persona mayor, bastante más vieja. Pero no, Zesna era un señor de no más
de treinta años.
Y tampoco era gordito. |