|
Es que mi novia, en realidad no es mi novia porque
aún ella no lo sabe, aunque estoy seguro que en cuanto se lo diga, lo
será, ya que dudo mucho que alguien en el mundo la pueda querer tanto
como yo la quiero a ella. Es como un angelito con los ojitos más lindos
del mundo.
Con los que estoy un poco enojado son con mis amigos
porque se comportan como si yo fuera el único interesado en querer su
amistad. Es que me evitan todo el tiempo, y eso me pone un poco triste.
Unas de mis alegrías más grandes es cuando paso por
un McDonald’s. Me encantan las papas fritas y la doble hamburguesa con
doble queso. Hummmmm! Y me muero por la Coca Cola clásica, porque no me
gusta para nada la Light ya que es bastante más amarga.
Como hoy empiezo a escribir en este diario quise
tomarme las medidas para poner la mayor cantidad de datos sobre mí
mismo. Sé que nadie va a leer nunca mi diario, salvo yo mismo, pero va a
ser muy lindo que cuando crezca y sea más hombre, pueda reírme de las
cosas que me pasaron cuando era un adolescente.
Estoy en los 171 centímetros de altura.
Más complicado fue cuando fui a pesarme en la balanza
de baño de mi mamá. Por más que ya me había advertido que ni se me
ocurriera subirme a ella, lo hice, porque pensé que no se iría a dar
cuenta. Fue un error lamentable, pero bueno, ya encontraré alguna excusa
para darle.
Lo malo es que aún no sé cuanto peso, ya que cuando
me subí a la balanza, ésta marcó el máximo de 170 kilos y se rompieron
todos los resortes.
La mierda, creo que estoy un poquito gordo.
Después de cenar sólo, ya que mi madre no iba a
volver hasta mañana porque estaba haciendo muchas horas extras, fui al
baño y me desnudé completamente. Sé que mi cuerpo está cambiando. Lo
noto, ya que aparecieron algunos pelitos que antes no tenía entre mis
piernas y a veces siento por allí unas cosquillitas que me agradan.
Además, mis bolas ya están un poco más grandes, y a
mi pitito también lo noto algo distinto aunque igual de pequeño que
antes. Nunca alcancé a verme más allá de mi barriga y eso no me
preocupaba antes, pero ahora que me toco y veo que hay algunos cambios
por allí, decidí que finalmente debería verme y conocerme mejor. Así que
fui al dormitorio de mi mamá y descolgué el espejo que ella tiene sobre
el lugar donde se maquilla y lo puse en el piso. Levanté una pierna, la
apoyé sobre la cama y de esa forma me pude observar mucho mejor los
órganos genitales reflejados en el espejo.
En realidad nunca antes había hecho esto, pero ya
notaba que cuando iba a orinar mi pitito ya no era el que conocía, tenía
un poco más volumen, aunque aún seguía muy pequeño, y tenía curiosidad
por vérmelo.
Las sensaciones que me producía el estar a veces
cerca de algunas personas, me alteraban en forma muy agradable. Por
ejemplo cuando estaba al lado de mi novia, además del cosquilleo en toda
esa zona, sentía que la mayoría de las veces se me ponía duro. Y cuando
esa misma tarde la invité a mi cumpleaños, un líquido que después en el
baño comprobé que era transparente y algo pegajoso, había salido de mi
pene por primera vez. Eso no era orina.
Estaba seguro de que mi cuerpo se estaba haciendo
adulto. Ya nos habían hablado en la secundaria acerca de la educación
sexual, la pubertad, la adolescencia, el desarrollo sexual y todo eso.
De que cuando uno crece y se hace hombre, se enamora, se casa, se tiene
que excitar para que se le pare, lo mete en la conchita, y así es como
se tienen los hijos.
Ya entendía que yo no era más un niño y por eso había
decidido que mañana le iba a contar a mi novia lo que sentía por ella, y
que me gustaría que se casara conmigo y tener muchos pero muchos hijos.
|