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La amaba con todo mi ser, pero ella lo desconocía.
Por ahora.
Bueno ya me voy a dormir y espero que me acuerde de
escribir mañana miércoles ya que soy bastante olvidadizo, por lo menos
hasta que me forme el hábito de hacerlo todas las noches para poder
detallar mi vida día a día.
MIÉRCOLES, 18 DE JUNIO DE 1986.
Hoy estábamos en plena clase de historia, cuando le
escribí a mi novia uno de mis más lindos poemas. Al final del mismo le
puse el mensaje de que quería hablar con ella urgentemente en el recreo
siguiente y la cité detrás de la iglesia, aunque no le puse mi nombre
como para que le diera una grata sorpresa cuando viera que era yo el que
estaba esperándola allí, y aguardé a que sonara el timbre y saliera del
aula para colocárselo entre dos cuadernos y que lo viera apenas
regresara a su pupitre en la siguiente clase.
Salí loco de contento esperando el próximo recreo que
sería uno de los más felices de mi vida.
La materia que tuvimos a continuación fue
matemáticas, y yo la verdad que no entiendo demasiado. Como dice mi
profesor, soy un poco burro para los números.
Cuando sonó el timbre que daba por terminada esa
clase, salí corriendo para el lugar de la cita para llegar antes y que
ella no me tuviera que esperar. Aguardé durante largo rato, y ya cuando
pensaba que ella no iba a venir, de repente mis ojitos comenzaron a
brillar.
Allí estaba radiante mi chica!
Mi respiración se comenzó a agitar, y esas nuevas
sensaciones en mi entrepierna comenzaron a hacerse presente nuevamente.
Venía caminado hacia mi con el poema que le había
escrito en la mano.
"Tu quieres que seamos novios, verdad?" Me preguntó
apenas estuvo a un paso de mí, y creí que me iba a morir de la emoción
en ese mismo momento. Ella había adivinado mi intención.
"Sí!" Dije no pudiendo disimular que estaba muy
emocionado. "Es que..." Comencé a decir, y pensé en todo el cariño, todo
el afecto y todo el amor que yo tenía para darle a esa hermosa criatura
de Dios. "Es que yo tengo mucho para darte."
Se acercó aún más a mí apretándose contra mi cuerpo,
y pensé que no pasaría ese día sin hacerme pis encima de la emoción, ya
que nunca me había esperado que ella llegaría tan cerca de mi.
Acercó su rostro al mío, hasta que su nariz tocó la
mía.
Me moría por sentir sus labios besando los míos. Se
me hizo agua a la boca, y mi pitito se endureció como nunca antes lo
había hecho.
"Veamos a qué te refieres con eso de que tienes mucho
para darme..." Dijo.
Sí, ahora me va a besar!
Ella también estaba enamorada de mi, y quería todo el
amor que tenía para darle.
Cerré mis ojos.
De repente sentí una mano que me golpeó los genitales
y los comenzó a apretar.
"A esto es lo que tú llamas mucho?" Dijo cuando pensé
que me iba a morir, pero ahora de la vergüenza. "Fíjate que Fernando sí
que la tiene chiquita, y eso ya es mucho decir, pero aún así es algo. Es
que tú te la has perdido en algún lado?" Preguntó. "Ya me sospechaba que
no sería nada del otro mundo, pero nunca me imaginé que no me iba a
encontrar con nada."
Mi vergüenza me impedía levantar la vista para
enfrentarla cara a cara y mis lágrimas no paraban de salir de mis ojos.
"Escúchame, gordo pelotudo, a quién querías engañar
con que tenías mucho para ofrecerme?" Agregó sin dejar de apretarme la
entrepierna, lo que me tenía petrificado. "Pedro sí que tiene bastante,
o mismo Pablo, pero tú, por Dios, por qué no pasas por la oficina de
objetos perdidos para ver si no está por allí?" Dijo burlándose de mi,
al tiempo que finalmente me soltaba los testículos. |