|
Y sólo por ser gordo.
Cuando salí al pasillo, noté que había otros probadores más por allí,
por lo que no entendí por qué me había dicho que lo necesitaba para otra
persona.
"Discúlpame, pero quién es Zesna?" Pregunté ya que me
dejó intrigado por lo que había escuchado un momento antes.
"Él es el encargado de aquí, pero lamentablemente no
está en este momento." Contestó.
"Por qué usted dice ‘lamentablemente’?" Pregunté
porque no entendí realmente el motivo.
"No por nada, es que él por lo general atiende a los
clientes como tú?" Dijo con una sonrisa que no me pareció sincera.
"No entiendo." Dije aún más desconcertado y
poniéndome aún mucho peor con ese comentario. Cada cosa que decía esta
señora lograba enfurecerme más. "Qué tengo yo de diferente de otros
clientes?" Pregunté ya convencido de que no le agradaba en absoluto a
esta persona.
"No, no es lo que quise decir." Dijo demostrando
arrepentimiento por lo que había dicho. "Zesna atiende a casi todos los
gorditos que vienen a esta tienda."
Pero qué había hecho yo para que esta vendedora me
tratara así?
Me odiaba sólo por ser gordito?
Hice un esfuerzo muy grande para no volver a llorar
delante de ella. No le iba a dar el gusto.
Pensé en que si Zesna o cualquier otra persona del
sexo masculino estuviera allí, difícilmente me hubieran hecho sentir
peor y me hubiera animado a comprar la camisa que quería y los
calzoncillos que necesitaba.
Por tratarme de ese modo, esta vendedora se había
perdido una venta y posiblemente un cliente. Nunca más volvería por esa
tienda de mierda después de conseguir los pantalones que me quedaran
bien.
Me resigné y salí a la calle.
Sin embargo, dirigí la mirada nuevamente a la
vidriera y admiré esa camisa nuevamente.
Cómo me gustaría tener esa camisa puesta!
Volví a entrar y cuando la chica me vi, puso cara de
fastidio. |