|
Vivo en un pueblo industrial del norte de España. Tengo 35 años y soy de
complexión normal, aunque con un ligero sobrepeso. Soy heterosexual
aunque no voy a negar que de vez en cuando surge una persona de mi sexo
que me atrae, principalmente algún que otro adolescente. Aquel día yo
regresaba a casa después del trabajo. Serían poco más de las ocho de la
tarde, y poco antes de llegar al portal estalló una tormenta de todos
los demonios, con relámpagos, truenos y un copioso aguacero. Terminé
corriendo los 50 metros escasos que me separaban del portal y nada más
entrar, llegó a toda prisa un vecino del octavo piso (yo vivo en el
décimo). Es un muchacho de unos dieciocho años, delgado y de mi
estatura. Es un chico poco hablador, pero se le ve buena persona. Le
conozco desde hace diez años, pero justamente ahora, al verlo entrar al
portal corriendo y chorreando agua me fijé en él. Viste un niki crema y
pantalón corto, ya que estamos en pleno verano. Su pelo es color castaño
muy clarito.
-Pasa muchacho, que estás empapado. Le digo
-Gracias, contesta ¡cómo llueve!
Llamamos al ascensor y el oprime el botón de su piso. Subimos en
silencio. Procuro no mirarle, pues me parece que va a notar que de
repente me he puesto muy nervioso, y sin poderlo evitar dirijo un par de
veces la vista hacia su bragueta. Estamos llegando al sexto piso cuando
se escucha un trueno especialmente fuerte, se va la luz y el ascensor se
para. En pocos segundos nos ilumina el acumulador de emergencia, que yo
sé tiene una autonomía de dos horas escasas. Bueno, suficiente para que
vuelva el fluido eléctrico y podamos salir.
-Vaya faena. Ahora sí que estamos pringados, le digo jovialmente,
pero al mirarle me doy cuenta de que está asustado, y mira el indicador
del piso donde estamos. Inútil, pues no funciona. Vuelve su mirada hacia
mí y me pregunta cuánto durará esto. Naturalmente le contesto que no lo
sé, es cosa de la tormenta, pero no creo que la compañía eléctrica
demore mucho la reparación. Supongo que de quince a treinta minutos. Me
pregunta, nervioso, si el ascensor está seguro o Yo, que casualmente
soy administrador de la casa estos meses, estoy enterado y le contesto
que están pendientes de venir los técnicos para cambiar los cables de
sustentación y el de limitación de velocidad, pero que sería mala suerte
que se rompieran ahora. Naturalmente, yo estoy razonablemente seguro de
que eso no ocurrirá, dado que se cambian por precaución, pero su vida
útil, según los técnicos, es de dos años más. Además están las cuñas de
frenado, de las que nada le digo. Exagero la parte negativa porque se me
está ocurriendo algo
Me doy cuenta de que mis comentarios le han infundido temor, y unido
a que está empapado, su cuerpo comienza a tiritar sin poderse contener.
-Oye, ¡tranquilo! Esto no se va a caer así que no te pongas nervioso,
le digo, mientras doy un paso hacia él. -Chico, estás empapado. Vas a
pillar una pulmonía. Es mejor que te quites el niki e intentaré secarte.
Está de acuerdo, pues la verdad es que tiene mucho frío. Queda
desnudo de cintura para arriba, y puedo ver que no tiene vello en el
cuerpo. Con un pañuelo le seco lo mejor que puedo, pero continúa
temblando y muy nervioso. Le propongo darle un pequeño masaje con el
doble fin de terminar de secarle, y a la vez relajarle.
-Estás muy tenso. Hazme caso, verás como te sienta bien.
No muy convencido, no es que acepte, es que como yo comienzo a
masajearle las clavículas, opta por no oponer resistencia y se deja
hacer. Tiene la piel muy suave, de adolescente, y mi masaje se extiende
por los brazos y el pecho, llegando a acariciar de pasada sus pezones,
que están duros. Él mira hacia el suelo y no dice nada, mientras poco a
poco llego al estómago. -Date la vuelta, le digo. Se gira cara a la
pared e inicio el masaje de su espalda. Nunca lo había hecho, pero creo
que me salió bien pues noté que se relajaba. En esa posición, le
contemplé a mis anchas el culito. Lo cierto es que a través del pantalón
no se apreciaba mucho. En realidad casi nada, pero solamente eso sirvió
para que notase que mi polla reaccionaba. Contuve mis deseos de
acariciarle las nalgas y le indiqué que girase de nuevo, y se puso de
cara hacia mí.
-Estupendo, esto funciona, le dije, ahora vamos a dar un masaje en
las piernas.
-No hace falta, dijo muy bajito, ya estoy mejor.
-Pues claro que estás mejor, ya lo noto. Pero con un masaje en las
piernas quedarás como nuevo, ya lo verás. |