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Y sin más, me agaché ante él y comencé a frotarle los gemelos. Dedicaba
una mano a cada pierna y el masaje fue concienzudo, hasta que noté como
sus músculos se relajaban. Entonces subí hasta las rodillas y miré hacia
arriba, a su cara. Tenía los ojos cerrados. Me animé muchísimo y extendí
mis manos hasta abarcar por completo sus pantorrillas. Tampoco tenían
pelos, eran suaves y excitantes. Me arrodillé para estar más cómodo pues
hasta entonces mi posición en cuclillas no me permitía estar a gusto, y
en esta nueva postura mi cara quedó a la altura de su entrepierna.
Continué el masaje de sus muslos, dedicando ahora dos manos a una
pierna, ahora a la otra, ahora una mano a cada una, y subiendo cada vez
un poquito más hasta que mis dedos rozaron los bajos de su pantalón
corto. Ahí me entretuve un momento para seguir muy poco a poco hacia
arriba bajo el pantalón. Mis caricias, que ya no eran masajes, a la
parte interior de sus muslos se duplicaron. Miré hacia arriba nuevamente
y vi que continuaba con los ojos cerrados, aunque su respiración se
aceleraba un poco, me pareció Mis manos continuaron hacia arriba
lentamente, sabiendo que en cualquier momento rozaría con la punta de
los dedos su slip, y eso era sumamente peligroso, pues se podía espantar
y me dejaría sin más opción que el socorrido cinco contra uno. Acerqué
mi boca a su bragueta y exhalé mi aliento suave y caliente. En ese
momento mi mano derecha, en su muslo izquierdo, rozó el slip y se apartó
rápidamente. Al poco repetí el roce, pero un poco más largo y al volver
a mirarle a la cara vi que seguía igual, con los ojos cerrados. Este
chico se deja hacer, me dije. De todas formas me forcé a continuar
lentamente. A todo esto, mi aliento comenzaba a surtir efecto, y pude
ver que bajo su pantaloncito crecía un bulto muy significativo, que por
la posición de su polla cuando estaba en reposo, tomó orientación hacia
su izquierda, es decir, a mi mano derecha. A todo esto, mi mano
izquierda se orientó hacia su culito, llegando también a rozar el
elástico inferior de su slip. Con lo que mis dos manos rozaban levemente
el slip. Mis caricias se fueron alargando y ya no abandonaba la tela de
su ropa interior, sino que me adentraba en ella poco a poco y en un
momento sentí el bulto que su polla hacía. Acaricié su contorno con
delicadeza, mientras la mano izquierda ya cubría completamente una nalga
de mi lindo muchachito y la oprimía suavemente. Él seguía quieto y con
los ojos cerrados, pero la cosa le gustaba y para prueba la erección que
tenía, pues ahora yo estaba acariciando su polla por completo, y no la
tenía pequeña por cierto, y la notaba durísima. En un momento dado se la
oprimí y dio un respingo, pero siguió quieto, así que comencé a
masajeársela por encima del slip, mientras la mano derecha era ya
completamente dueña de su culito, recorriéndolo en todos los sentidos y
notando su dureza. Para mí la situación ya era difícil de aguantar y
decidí pasar a la acción en serio, es decir, meterle mano bajo la ropa
interior. Las dos manos a la vez, cada uno en su terreno, se
introdujeron bajo su slip sin encontrar resistencia. Agarré su polla y
la apreté con fuerza. Estaba caliente y muy dura. Con mi dedo pulgar le
acaricié el capullo, sintiendo que daba un respingo. A la vez, le
oprimía con fuerza el culo y un dedito comenzaba a explorar lentamente
su raja, camino del agujero posterior.
En ese momento me empezó a estorbar su ropa. -Quítate el pantalón, le
dije, y como no se movió se lo repetí en tono más serio. Ahora sí,
aflojó el botón y bajó la cremallera. El pantalón cayó hasta sus
tobillos y yo entonces le bajé delicadamente el slip, dejando ante mi
vista lo que mis manos ya conocían. Una bonita polla de buen tamaño,
pero no exagerada, unos huevos redondos y duros, y el culo que lo vería
inmediatamente.
Orienté su polla hacia mi boca y empecé a lamer suavemente su
capullo, para a continuación metérmela en la boca y darle una suave
mamada, a la vez que le masturbaba. Su cuerpo reaccionó y ya no estaba
quieto. Se agitaba levemente y gemía de vez en cuando. Tuve que parar
muy deprisa, si no se me hubiese corrido ya mismo. Le di la vuelta y su
culito quedó a la altura de mis ojos. Y qué culo. Redondo, blanco, sin
pelos. El culito soñado de un quinceañero. Dediqué mis dos manos a
tocarlo por entero, dándole también algún mordisco suave y varios
azotes. Lo fui abriendo poco a poco, hasta dejar a la vista su
maravilloso agujerito. Lo toqué y se contrajo como una flor. Abriéndole
bien las nalgas con mis manos, dediqué mi lengua a hacerle conocer las
delicias del beso negro. Recorrí a fondo las inmediaciones y luego pasé
al agujero. Lo ensalivé bien, lentamente y con la punta de la lengua
comencé a, casi, follarlo. Su agujerito se relajó y se abrió un poco,
con lo que mi saliva entró más aún, lubricándolo lo mejor que pude. Su
sabor acre no me importaba y me moría de ganas de meterle la polla hasta
dentro, pero no quería hacerle daño, así que le hice doblarse hacia
delante, apoyado en la pared con sus manos, y le metí lentamente el dedo
índice, con cuidado y previamente ensalivado, que aunque con alguna
dificultad fue entrando, notando su calor y su tierno y mullido
interior. Al final entró hasta el nudillo y comencé a moverlo dentro,
con un sentido de rotación y de mete y saca que le debía gustar
muchísimo, ya que ahora no paraba de gemir, mientras se había agarrado
la polla con una mano y se la meneaba suavemente. Yo también hice lo
mismo pues no podía aguantar sin tocármela.
Entonces me levanté sin sacar mi dedo de su culo y giré para
colocarme de frente a él, intentó ponerse recto pero no le dejé. Cogí su
mano y la puse en mi polla, que empezó a menear torpemente, pero no
importaba, para mí era delicioso. A todo esto mi dedo no estaba quieto
dentro de su culito, lo saqué y con su jugo y mi saliva, lubriqué otro
dedo y le metí los dos. Suspiró de gusto y estuvimos un buen rato en esa
posición, el meneándomela y yo follándole con dos dedos inquietos, hasta
que ya no pude más y le dije que se volviese de nuevo cara a la pared.
-Venga chaval, que te voy a dar por culo. No se lo hizo repetir y
rápidamente me presentó su precioso culito, separando incluso sus
cachetes con las manos. Yo, ante su agujerito ofrecido difícilmente me
pude contener y por poco lo follo a lo bestia. Por suerte, uno está
civilizado. Coloqué mi capullo en su agujero y lo moví poco a poco,
apretando suavemente. Entró un poco y me detuve. Luego un poco más.
Atrás y adelante, y así hasta que tuve dentro todo el capullo y parte de
mi polla. Entonces sin poderme contener, empujé y en dos o tres viajes
se la introduje hasta los huevos. Ahí me quedé quieto, observando como
él gemía un poco, de dolor y de placer. Era maravilloso sentir sus
blancas nalgas contra mis caderas y su cálida opresión en mi verga.
Comencé a bombear lentamente y poco a poco fui acelerando el ritmo, a la
vez que con una mano le masturbaba con fuerza. Él no aguantó mucho y se
corrió a lo bestia, gritando y todo, que tuve que taparle la boca, y
poniendo perdido el suelo del ascensor. Con la corrida se agitó lo
indecible, y sus movimientos de culo llegaron a volverme loco,
alcanzando yo también el orgasmo, un orgasmo como hacía tiempo no
experimentaba. Me corrí íntegro dentro de él llenándole de leche para
después acabar apoyado contra su espalda con la polla dentro. Estuvimos
así un rato y al sentir que se movía para sacársela y notar mi polla
esos movimientos, se puso en pié de guerra nuevamente y no le dejé irse,
sino que nuevamente comenzó por mi parte el vaivén, acompañado esta vez
por unos cuantos azotes a su culo, que provocaron unos ¡ayes! Tan
excitantes que rápidamente me corrí otra vez, quedando de verdad esta
vez exhausto por completo.
Poco después vino la luz y salimos de allí, pero esta parte de la
historia creo que ya no es interesante. |