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luego me separó y besó mis mejillas diciéndome soy Erica su esposa, eres
espectacular, lo vi todo y estoy encantada, qué rico ver a un macho
acabando así, gracias por complacer a mi esposo, de veras te lo
agradeceré eternamente, no es fácil conseguir hombres dispuestos a esto,
gracias por haber venido, y ahora disfruta viéndonos hacerlo a nosotros,
si te animas estás invitado será una verdadero placer hacerlo los tres
me había quedado mudo,... no sabía qué decir era su esposa, Luis aún no
soltaba su presa y fue a solicitud de ella que fue incorporándose a mi
lado para permitirme ver la verga más hermosa que haya visto yo en mi
vida, era perfecta, de unos veinte a veintidós centímetros de un grosor
exquisito (la mano alrededor no cerraba), un enorme glande Rosado, que
se unía al resto de la verga algo más gruesa, dejando un enorme canal,
le daba el aspecto de un champiñón de tallo gigante, (Creo que recordé
los cuentos de Blancanieves). No sé por qué sentí en ese momento ganas
de agarrarlo, sentí que mi esfínter anal daba espasmos como la boca de
un pececito cuando sale del agua, ella se apresuró a tomar el gran
trofeo y comenzar a darle una estupenda mamarla, se fueron alejando de
mí, él retrocedió y se sentó en un diván que estaba allí, me imagino que
todo estaba predispuesto y preparado, ella no era una belleza, pero
tampoco fea, lo que si es que su cuerpo era muy exuberante y muy bien
definido, tenía muy bellas y paradas tetas no sé si operadas pero lucían
muy firmes y con pezones respingones, él no dejaba de acariciárselas,
pero nada me llamaba más la atención que la hermosa verga de Luis, que
era tragada y lamida por Erica, su esposa, ella notó la cara de bobo que
tendría mirando la verga y me hizo señas para que me acercara, soltó la
verga y me beso, luego me dijo ¿por qué no me ayudas?, es muy rica y
como ves alcanza para los dos, estaba muy emocionado y miraba fijamente
cómo ella abría su boca a tope para introducir la enorme glande, , me
preguntaba si no sentía el rico olor de macho que impregnaba el
ambiente, no te niegues, es divina, ¿quieres sentirla para ti solito en
tu boca? sé que te va a gustar, date ese gustazo, Mámalo, mámalo, es
tuyo, tómalo para ti, deja que su enorme glande acaricie el interior de
tu boca, tu paladar, tu garganta, anda tómalo, decía esto mientras su
mano me llevaba a agarrar el tremendo garrote que me tenía abobado y con
el culo haciendo pucheros, la tomé, sentí un enorme calor y sus carnes
tensas por su erección, así como el resbalar de su piel sobre ese enorme
güevo. Y sin dudar mas baje mi cabeza para iniciar la primera mamada de
güevo de mi vida. Nos pusimos a mamar juntos el vergón de él, lentamente
me la fue dejando para mí sólo aquella enorme presa. Traté de hacer lo
mismo que él me hizo y al parecer le gustaba porque su güevo se ponía
más duro y más caliente. Erica comenzó a acariciar mi verga con su mano
me hacía una rica paja, se colocó detrás de mí, separó mis piernas y
acto seguido se metió boca arriba debajo de mí e introdujo en su boca la
punta de mi verga sin dejar de pajearme mientras mamaba el glande, mi
güevo ya estaba erecto a reventar, ella dejó de pajearme para acariciar
mis bolas con la palma de su mano, es divino mamar mientras lo maman a
uno, pensé. Erica comenzó a hacer llegar la punta de sus dedos al
perineo y luego hasta mi culo, en ese momento pensé con razón lo enseñó
Erica, era divino, me acarició el ano con movimientos circulares de la
yema de su dedo, Pensé que no pasaría de allí como pasó con él pero me
equivoqué Erica presionaba lentamente su dedo hacia adentro y podía
sentir cómo mis esfínteres abrían y cerraban como si trataran de
devolver la caricia, comencé a sentir un dolorcito sabroso en el
interior de mi culo y levanté mi cabeza soltando la enhiesta verga de é,
fue cuando ella dijo ya estás listo, y se fue incorporando mientras ella
continuaba con su caricia, no sé de dónde carajos sacó una crema con la
que sentía mas fácilmente resbalar su dedo en mi esfínter anal, yo
continué con mi mamada, me dolían los vértices de los maxilares, era una
odisea mantener el grueso güevo en la boca, por eso lo retiraba le
acariciaba la puntita con la lengua y metía el enorme hongo sólo cuando
sentía su mano presionando suavemente mi cabeza a su tronco, mi culo ya
estaba recibiendo el dedo de Erica por completo ella había embadurnado
toda mi área anal, sentía como un frescor mentolado en mi culo y mis
terminaciones nerviosas de mi culo no dejaban de vibrar, contraerse
distenderse, era la gloria.
Se escuchó la voz de Erica decir ya esta listo... me tomó por mi
barbilla y levantó mi cara desenchufándome de su güevo, sonó un chup
cuando abandonó mis labios que lo apresaban y me dijo, Carlos quiero tu
culo, me puse muy nervioso y no sabía qué decirle, mis piernas temblaron
mi culo hacía pucheros mi verga era mamada deliciosamente por Erica,
estaba en una vorágine, no dije nada, él comenzó a incorporarse
lentamente llevándose consigo la verga que me tenía loco, tomó mis manos
y las apoyó en el diván también reposé mi cabeza entre mis sobre el
diván, Erica dejó de mamar y subió hasta tener su cara frente a la mía,
y comenzó a decirme cosas y darme consuelo, algo como pronto conocerás
el límite del sexo sabrás lo rico que es ser poseído por un buen macho,
tendrás una verga de hombre en tus entrañas, sentirás cómo quema
divinamente la leche de un macho tus tejidos vírgenes, ella seguía
diciendo cosas y acariciando mi cara cuando sentí las manos de él en mis
nalgas, el miedo se apoderó de mí, ella lo notó, mi güevo se encogió y
sólo era un pedacito de carne retraído, estaba muy nervioso e
impaciente, los esfínteres se alborotaron más sentía como temblaban el
dolorcito interno de mi culo se acentuó y se hacía más sabrosito, cuando
sentí lo más rico de la velada hasta ese momento, el contacto de la
enorme cabeza del güevo contra mis temblorosos esfínteres, desde su
posición ella tenía dominio total de escena, ella miró a mis ojos y me
dijo acaricia su glande con tu culo, aprieta y afloja, aprieta y afloja,
escuché a él decir así, así, así esta muy bien, comencé a sentir
riquísimo, sentía cómo presionaba y se retiraba, luego otra vez un poco
más fuerte y otra vez, entonces sentí mi primer dolor fuerte cuando él
dio un avance y no retrocedió, dejando calzada la enorme cabeza contra
el diminuto orificio, forzándolo que hizo que mi virgen culito ya no
pudiese cerrar completo, pues la punta de su hongo no lo dejó, me puse
más nervioso, espera, espera , ya va, ya va, espera decía desesperado,
no , no, no va a entrar es muy grandote, pero no se dejó convencer y fue
cuando Erica rodeó mi cintura y me tapó mi boca con la de ella en un
beso salvaje, él agarró firmemente mis ancas y a como si estuvieran
coordinados, como si una señal que le hiciera Erica, Luis dio un avance
para introducir su hongo, el cual se abrochó a mi esfínter, destrozando
mi virgo anal, sentí que todo me daba vuelta era horrible, me faltaba
aire, traté inútilmente de pararme y mis piernas no daban, mi cuerpo no
respondía, sólo gruesas lagrimas y un grito desesperado era lo que
brotaba de él, sácalo, por favor sácalo, te lo pido es insoportable,
después lo intentamos, deja que se me pase, te lo doy después, le
ofrecía tratando de convencerlo de desistir de enterrar esa enorme verga
en mi culito estrecho y virgen, no entiendo cómo mis carnes anales se
aferraban a su glande, cómo si no quisieran que él entrara más, pero que
tampoco lo dejaría escapar, lo abrazaban fuertemente, como quien se
agarra de una rama para evitar la caída por un precipicio. Él como todo
un caballero no siguió empujando pero tampoco se retiró. Me decía
relájate, ya se te va a pasar, sentía cómo mi culito ardía, cómo se
abrochaba más y más al hongo de su verga dejando su glande dentro de mí
y todo el tallo del güevo esperando pacientemente su turno para entrar,
era la locura qué dolor más arrecho, lo que más me desesperaba es que
mientras mis piernas no respondían mi paredes anales sí, pero
aferrándose al gladiador que lo conquistaba, mis lágrimas corrían a
chorro y lloraba como un bebe herido, sudaba frío en mi frente, Erica
comenzó su terapia de relajamiento me secaba mis lagrimas me decía te
duele papito, pronto se te va a pasar y vas a seguir sintiendo rico, me
acariciaba la cara y me dijo paciencia, paciencia ya se va a comenzar a
pasar, como por arte de magia, sus palabras comenzaron a surtir efecto
dejé de llorar a solo hipaba, y decía repetidamente duele, duele, duele,
pero cada vez con voz más débil señal que el dolor dejaba de ser tan
intenso. |